Variaciones
Se fue la Miller a la salud de la primera quincena de enero. En la
esquina, una grúa y varias personas se aprestan a filmar la luna, que
según explica el mozo del bar es el reflector del séptimo piso del
edificio opuesto. Atrás quedó la marcha en conmemoración por Martin
Luther King Jr., cuyo legado de unión sin revanchismo tomó la forma de
acciones imperecederas y se hizo también frases cercanas a “de la
oscuridad se sale mediante la luz, no con más oscuridad” y “del odio se
sale con amor, no con más odio”.
Algunos pensarán, a partir de su
asesinato, que estaba equivocado. Son los resultadistas del corto plazo,
los que dan revanchismo cuando es lo que pide el impulso. Otros
sentirán que Luther King estaba en lo cierto al reparar en la
presidencia de Barack Obama, dos veces elegido por el voto popular. O lo
advertirán en la marcha del lunes feriado del 16 de enero en Atlanta,
donde por el centro de sus calles confluyeron negros y blancos reunidos
por consignas tales como basta de racismo, que siempre hallará
resquicios por donde atacar, y por el respeto a los derechos de
trabajadores.
A dos cuadras de la filmación, en lo que parece una
fábrica abandonada, hay negros de la mañana a la noche. Algunos duermen
en la vereda, otros hurgan de la basura, hay quienes discuten a gritos
entre ellos, sin meterse con quienes pasan por ahí. Cambian las horas
del día y las postales se repiten; a la intemperie, en un invierno de
temperaturas mínimas de 13 grados, están acostados ellos y ellas. Se
percibe que las veredas son sus urinales. Casi a 30 cuadras, en la
esquina de capitolio y, vaya paradoja, Martin Luther King, frente a la
sede de gobierno del estado de Georgia hay más negros que pelean a
gritos y, sentados o acostados, están en el umbral de un templo protestante.
Enfermedades psiquiátricas, familias quebradas, pobreza, desempleo,
adicciones y círculos viciosos derivados meten la cola también en los
desamparados blancos de Salt Lake City, una de los cuales, quizás mayor
de 50 años, tiene la nariz cortada por el frío. No es chiste vivir en la
calle con un invierno de nieve que se acumula por setenta centímetros
en las esquinas y allí permanece días, dada la nevisca ocasional, la
temperatura clavada en cero y un sol que la va de estrella y aparece
media hora en tres días.
La lucha por los derechos civiles, una
de las banderas que hizo flamear don Martin Luther King, dio sus frutos,
vaya si así fue. Por supuesto, ejemplos en contrario cundirán, pero hay
pautas culturales notorias: Starbucks, cadena de café sabroso y de
delicada música en cualquiera de sus locales, admite que entren y
duerman sobre sus mesas quienes están ateridos de tanto pedir limosna y,
aun sin recibir una moneda, piden disculpas y/o dan las gracias.
También acepta el café que tosan una y otra vez como consecuencia de su
salud deteriorada, sin que a nadie se le ocurra pedir por la salida de
ese hombre de bigote canoso.
Pensar que en nuestra Río Cuarto
hubo un boliche bailable de nombre cercano a Marruecos y un café que
parecía una barraca donde, tal cual la aguda mirada de la querida
Deolinda, marginar gente era habitual y quien era acogido se sentía
parte de una élite. No fueron los únicos, y si no que lo digan quienes
fueron rechazados en bares que desde el nombre avisaban que no eran
ángeles o, directamente, eran un millar de demonios.
El mundo sigue
siendo un lugar imperfecto. Si no, que hable al respecto una mujer que
fue designada consejera de víctimas de ataques sexuales en un campus
universitario de Utah, según reza la nota del diario local del sábado 14
de enero de 2017. Hablar de avances al respecto suena cínico. No
obstante, cabe acotar que al menos ahora quienes los padecen reciben
asistencia y son trasladadas y las fechas de entrega de sus trabajos son
aplazadas.
Qué duda cabe de lo contaminante que puede ser el
hombre por doquier. En simultáneo a esta noticia en el hemisferio norte,
en Córdoba, la provincia del buen humor, alguien mató a un perro porque
le dio la gana. Por no hablar de homicidios y otros crímenes.
¿Habrá sabido Luther King que las páginas de los diarios se continuarían
llenando de atrocidades? Seguramente. Su inmenso relieve espiritual no
estaba exento de inteligencia. Conocer no fue óbice para obrar, acaso
hasta haya sido estimulante ser consciente de que la perfección no es
humana y que los cambios sociales suelen demandar décadas.
La
humanidad no gana campeonatos invicta. Pero algunos de sus triunfos, no
memorables ni grandiosos, apenas cotidianos, alientan la esperanza:
Miguel, jamaiquino, simpático mozo de un bar en Atlanta, cuenta que la
consciencia de trabajo más trabajo, muy estadounidense, a él no lo priva
de gozar de su día de franco. Con seguridad, sostiene que negarse a ir
al bar en caso de que se lo requieran en su jornada libre, no es causal
de despido. Vale creerle; lleva un año atendiendo las mesas y sirviendo
agua a cada comensal, aun a quienes la dejan intacta después de dos
regios vasos de Miller.
Allá fuera, la luna de la filmación del
séptimo piso se apagó y ya empiezan a pasar los asistentes con todos los
elementos. La luz llega ahora desde las esferas que cuelgan de los
árboles, de los faroles de las veredas y de la luna celestial.
En ESPN, la edición de Sports Center empezó con un tributo a Martin Luther King Jr.