9/6/17

Aportes relativos a la escuela de Beto Sánchez

Por Ignacio Anchorena y Benjamín Andruet, tercer año Colegio San Ignacio 
Las venganzas de Beto Sánchez es una película en la que se refleja su actitud frente a la muerte de su padre en el hospital, y él decide cobrar venganza de las personas que lo formaron.
En la escena de la venganza escolar explica sus motivos por los que él es de una clase social baja, diciéndoles a los estudiantes cómo la educación llena de mentiras y falsas esperanzas lo llevó a contexto social, de esta forma él busca el chivo emisario en la maestra culpándola de todas sus desgracias en la vida cuando en realidad probablemente él haya sido el que cometió errores y tuvo malas decisiones y también contradice valores de la cultura estereotipando que todas las escuelas tienen el mismo tipo de educación (inservible). Además la profesora tiene una actitud la cual no es comúnmente esperada por una escuela, de esta situación ella abusa el poder otorgado por su posición en este contexto. Esta actitud negativa de la profesora moldeó la identidad de Beto por medio de un control social el cual en el futuro probablemente le haga tener un respeto excesivo a superiores que le dificultara, por ejemplo, subir de puesto en su trabajo imposibilitándole el ascenso de clase social. Otro aspecto puede ser el claro egocentrismo que tiene Beto al culpar directamente a la escuela con todos sus fracasos porque así él está demostrando un solo punto de vista sobre el contexto en el que está viviendo.
En conclusión, nosotros opinamos que Beto exagera la situación pensando que la escuela garantiza el éxito,  porque en realidad solo es una base a partir de la cual vos vas a formar tu futuro.

1/6/17

¿Qué se dirá?
Una tentación es pensar cómo se leerá dentro de décadas de lo que se hace hoy.
1988. Primer año industrial. Un maestro del taller de ajuste aplica una sanción informal. "Capotón", dice y supone que los compañeros de Cristian le pegarán despacio. Dos minutos después, Cristian llora y el docente reclama porque "con animales no se puede".
El hombre no quería que el mal alumno de trece años se fuera lesionado de la clase. Confiaba en unos sopapos amigables y no sospechaba que en un grupo de 12 o 13 suele haber uno que se zafa aunque no se llame Judas.
El maestro de taller estaba cerca de jubilarse, pese a lo cual incurrió en una chiquilinada. Lejos de admitir que proponer "capotón" es una falta suya, califica de "animales" a los adolescentes que, por otra parte, eran educados para obedecer.
El hombre no era emblemático del colegio Industrial, aunque tampoco constituía una excepción.

1989. Un muchacho de 14 años manipula con torpeza un calibre, costosa herramienta de precisión. El maestro de ajuste II lo mira fijo y anuncia: "A vos te voy a capar".
Nadie se sorprendió. Se asumía que el alumno del taller debía prepararse para la fábrica, donde no circulaban chistes de Condorito ni se veía Los Pitufos.
El profesor que prometía capar al estudiante torpe mantenía su taller de ajuste tan limpio que parecía un quirófano. Hacía recitar en voz alta "cuando va, saca; cuando vuelve no". Así, los alumnos aprendían que se presiona para desgastar el material cuando se hace correr la lima hacia delante y hay que deslizarla de vuelta sobre la pieza sin más que un ligero rozamiento.
Antes, en aulas de primaria, era común escuchar el recitado colectivo de las tablas de multiplicar, con voces discordantes y todo.
Criticar a la luz de los progresos es necesario para superar errores, siempre y cuando se evite cargar las tintas por olvido del contexto de las prácticas. Si no, basta probar con el juicio de valor que haría alguien de siglos atrás frente a un aula compartida por varones y mujeres. O con el que ejecutaría más de un aldeano del siglo 21 que sueña con globalizar ISIS.
Quien quiera comentar, bienvenido. Ahora o dentro de unas décadas.