29/4/26

Encuentros indeseados: choques sin ruido de chapa

"Vulnerables" sigue repartiendo sabiduría desde Youtube. La serie de Polka, que en 1999 y 2000 expuso las derivas de personas que se reunen semanalmente en terapia de grupo, fue prodigiosa en escenas dramáticas, situaciones curiosas, hechos tristes, actitudes nobles y deleznables, miedos, dudas y otros elementos que hacen a la vida de la gente en el 506 y en el siglo 21 también.

En el capítulo 14 de la primera temporada (https://www.youtube.com/watch?v=IR9eW9PjqrQ) Roberto (Alfredo Casero) consigue que Alejandra (Sandra Mihanovich) salga un domingo pese a la fobia que la mantiene en su casa llueva, truene o haya sol. Van en la camioneta en la que él hace fletes cuando se topan en una esquina, y casi chocan, con el hombre que la dejó plantada en el altar y se casó con quien parecía ser la mejor amiga de ella. 

Alejandra había tolerado las referencias de Roberto al excremento de los perros esparcido en el pavimento, su forma de romper el hielo. Quizás haya pensado que, dado ese punto de partida, lo mejor estaría por llegar. Segundos después, un cruce de calles la hizo encontrar con las personas por quienes no salía de su casa. Zafó de verlos en lo de los padres de ella, vecinos y anfitriones de la raviolada dominical, pero no de encontrarlos por ahí, en un siniestro que no pagó ninguna compañía de seguros; abrumada por la situación, Alejandra canceló el paseo a minutos de empezarlo y volvió caminando. Roberto manejó en soledad rumbo a su barrio, no sin antes pedirle al ex de ella: "Correme el auto, infeliz".

24/4/26

De Fito Páez y las posibilidades de ser

"Me pasé la vida viendo, viendo cómo hacen el mundo sin hacerlo yo", canta Fito Páez en Taquicardia, del álbum Giros. El tema que da nombre al disco afirma que "existe un cielo y un estado de coma". 

Adrián Ramírez se sentía identificado con ambas expresiones y no creía ser el único. Cualquiera que haya visto un partido de básquet sabe que en un segundo se puede pasar del triunfo a la derrota, que en una final son para el fanático el cielo y el coma. Ni hablar de sentimientos encontrados cuando el miedo sale a la palestra: quien todo lo promete hoy acaso se vaya mañana. Empresas prósperas que dejan de existir son otra analogía de las ambivalencias de Giros.

Para Ramírez también era de especial significación la sentencia por la cual algunos hacen el mundo y otros, como en la obra de teatro desplegada por el duo de españoles en la película El dedo en la llaga, se dedican a mirar por la ventana. 

Después de suspirar y mordisquearse menos que años atrás las uñas, el hombre dejaba de escuchar las canciones y asumía que la cumbre de la dicha y el malestar son inevitables, no así la quietud ante las oportunidades de acción.

21/4/26

 

Ahijado: sé buen perdedor

"Mi primer exceso consistió en no conformarme con lo que tenía, que era mucho más de lo que muchos han logrado en su vida entera". La frase no la dice el presidente de un país a ciudadanos con necesidades básicas insatisfechas, sino el personaje central de un cuento de Inés Arredondo.
Adrián Ramírez pensó en transmitirle la frase a su ahijado, Lucas, aunque supuso que de nada le serviría para mitigar el malestar porque Emilia declinó la invitación al café. Con el correr de las horas asumió que callarse tampoco era una contribución y concluyó que lo mejor sería incorporar la idea del cuento y transmitirle una vivencia propia; Lucas ya recelaba de las moralejas de las historias de ficción.
-Mirá, yo te puedo hablar pero igual el dolor lo vas a sentir. Tuve tu edad, aún me acuerdo -ella se llamaba Graciela- y en un viaje que hice apenas me dijo que no lloré varios kilómetros.
Todos perdemos, Lucas. Plata, tiempo, afecto, trabajos, negocios, partidos, ropa, salud. Cuando perdí, además de ponerme triste me enojé; era lógico, pero no me sirvió. 
Ojalá que aprendas a perder mucho antes que yo. Si lo hacés, no te va a pesar tanto cada intento y eso te va a dar más oportunidades de ganar. Desde mis errores, una sugerencia: cuando más triste estés, tratá de recordar lo que tenés y agradecelo. Si no, acelerás en el barro. Te lo digo yo, que me llené de mugre muchos años.

17/4/26

Traiciones por doquier

Suenan los acordes de "La casa del sol naciente" mientras una golpiza letal acaece en un maizal. Uno de los protagonistas de "Buenos muchachos" paga todas las que debe. La obra maestra de Martin Scorsese le pone algo más que los puntos sobre las íes al personaje interpretado por Joe Pesci. La crueldad, su forma de vida, lo acompañó hasta su muerte.

La película expone la usual dualidad entre traidores y conversos. Los delincuentes empiezan a caer cuando uno de ellos (Ray Liotta) acuerda delatarlos a cambio de una vida como testigo protegido. A los ojos de los investigadores, se trata de un converso. Para quienes terminarán en prisión, un traidor.

Más cerca y menos terriblemente, el fútbol ofrece múltiples historias de cambios de bando condenadas por los hinchas del equipo del cual se van los jugadores. "Judas Laudrup" fue una bandera con la que aficionados al Barcelona sancionaron el paso de Michael Laudrup a Real Madrid

Oscar Ruggeri y Ricardo Gareca, que jugaron en Boca en 1984 y en 1985 llevaron sus servicios a River, nunca pudieron regresar al club en que se habían formado y debutado en Primera. Cada vez que enfrentaron a Boca les llovieron insultos. Los hinchas -al margen de las bestias que iniciaron un incendio en la casa de Ruggeri- en el mejor de los casos no olvidan lo que consideran una traición. En el peor, no perdonan. Y cancelan de por vida a quienes, a su criterio, los afrentaron. 

Tanto Ruggeri como Gareca pugnaron en 1984 por quedarse con el pase en su poder tras haber jugado dos años sin arreglar contrato en Boca. En diversas entrevistas en la revista El Gráfico, afirmaron que la misma puja la habían iniciado más de 30 profesionales, de manera que ellos se sintieron traicionados por los compañeros que, conforme transcurrieron los meses, optaron por quedarse en el club.

Uno de los que más se indignó porque Ruggeri y Gareca dejaran Boca para ir a River fue José Barritta, (a) El Abuelo, jefe de la barra brava del club. Diez años después, en 1994, cuando el infame asesinato de dos hinchas de River, se lo acusó de haber declarado en la justicia en contra de compañeros de barra a fin de mejorar su propia situación.

Como verbo de primera conjugación que es, traicionar es muy común, no solo entre buenos muchachos.

13/4/26

Adolescentes: del dedo acusador al espejo revelador

Es raro suponer que alguien en la Argentina enseñe en clases de lengua castellana a conjugar el verbo estigmatizar. Es extraño, sobre todo considerando cuán a menudo lo ponemos en práctica. De este y otros temas en relación a adolescentes habló Beatriz Janín, miembro fundadora del Forum Infancias, en su paso por la ciudad.

En diálogo con el área de Comunicación de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto, señaló que los adolescentes están inmersos en “una sociedad que les transmite los valores del éxito fácil, del consumo, del dinero”. No obstante, la sociedad opta por estigmatizarlos a ellos y propone “sancionarlos de manera terrible si transgreden, si delinquen”.
Autora de libros tales como “El sufrimiento psíquico en los niños”, Janín recordó que “los adolescentes tienen una lógica distinta de los adultos: no van a dejar de hacer nada porque haya un riesgo”, lo cual bien aplica a quienes asumen que el encierro carcelario sería para ellos garantía de disuasión.


“El problema adolescente en este momento no es la cuestión de la delincuencia juvenil, que es ínfima en nuestro país, sino que se están autolesionando”, dijo Janin. Agregó que hay intentos de suicidio y suicidios, y que esto amerita “pensar seriamente como sociedad una perspectiva de un mundo diferente, una perspectiva de un mundo en el cual ellos puedan sentir que tienen un futuro”. Esta licenciada en psicología llamó a ayudar a los adolescentes a valorar “nuevamente el estudio, el trabajo”, procesos que conllevan acción “a largo plazo y que no se ligan “al éxito fácil ni al dinero”.     

Janin subrayó que “la sociedad cobra un valor fundamental en la adolescencia, mucho más importante que en la niñez y en la adultez”. Por eso, antes que acusar la sociedad debe revisar qué les transmite a quienes “están permanentemente conectados, muchas veces a través de las redes”, que guían su navegación de un modo para nada inocente. Como botón de muestra basta el fallo de un jurado de Los Ángeles que encontró a Meta (Facebook) y Google culpables por construcción de plataformas adictivas. Ante ese escenario, la presencia adulta con ideales constructivos tal vez no sea suficiente, pero sin duda es necesaria.


9/4/26

Enterrar la crueldad

¿Qué harías si encontraras a quien te torturó? ¿Cómo actuarías si no estuvieras plenamente seguro de que es él? ¿Y si tuvieras la convicción de que sí es? Estas y muchas otras preguntas se despliegan en "Fue solo un accidente", del iraní Jafar Panahi.

La película no ahorra crudeza ni contracaras. La misma persona que quiere matar al que cree que ha sido su victimario se apiada de la mujer que, supone, es su esposa. Una compañera de padecimientos, que le propone olvidar todo, luego asume que las atrocidades del ayer valen el desquite del hoy. 

Una pareja a punto de casarse deja la sesión de fotos ni bien escucha que el que estiman responsable de sus tormentos está a su merced. No es para menos: hay dolores que superan contextos festivos.

Un hombre que pasó tres años encerrado y atormentado quiere vengarse sin el menor miramiento, aunque la fotógrafa que sufrió a  su par trate de convencerlo de que el verdugo es apenas un brazo ejecutor y matarlo no elimina al sistema. La réplica es que sin la mano de obra sumisa no hay regímenes feroces.

Entre tanta pena y justicia a palazos, "Fue solo un accidente" regala notas reideras, como la de los policías coimeros que, posnet en mano, ofrecen alternativas a quienes intentan no pagar aduciendo falta de billetes.


8/4/26

Hacer virtud del error

"A veces me escucho y hay veces que me doy la espalda". Vaya frase tan cierta para tantos. Pero no cualquiera la escribe, ni mucho menos la canta. Decí que está Ivan Noble. Su Fe de erratas incluye otros versos que a cientos de miles le sientan con exactitud, entre ellos:  "Lo que sueñan mis sueños a veces lo embarran mis ganas" y "cuando soy un cretino, debiera ser sin mayúscula".

La canción, aunque incluye una serie de equivocaciones dolorosas, ilustra el poder del arte. Tomar consciencia de errores, lo cual a menudo insume años, es una medicina amarga. La letra y la música de Fe de erratas no impide los lamentos, pero los rodea de belleza poética. 

Si querés asomarte, acá está: https://www.youtube.com/watch?v=-4r1YtX5unQ

6/4/26

 Seguí durmiendo, total...

 
Adrián Ramírez tiene que entregar un cuento corto en el que se noten frustración y mala praxis. Lo debe narrar el protagonista como si estuviera charlando con una amiga. Timbre. Esto es lo que queda en el escritorio del profesor Lionel Llobet.
 
Como suele decirse con acierto, es más barato aprender de errores ajenos que de los propios. De eso trata este texto: de que se los muestres a tus hijos y les digas "tomen nota, así es como no hay que hacer para tratar de conquistar a una mujer".

Hace dos sábados, como a las 5 de la tarde, golpean la puerta del departamento. Salgo y encuentro a la buena vecina de piso cuya edad es similar a la de mi madre y a la hermosa vecina que vive debajo, interesada en consultar si podría ayudarla a reparar un flexible del baño.
Como es lógico -tan imbécil no soy- bajé aunque no soy plomero ni quiero serlo. En su presencia, también en la de su madre, charlamos mientras intentaba colocar el flexible en un receptor que seguro debe llamarse de otro modo. Todo bien hasta que, aun sin apretar en demasía, rompí una tuerca plástica externa.
Desde luego, no me hizo ningún reproche. Decidí bajar raudamente a tratar de comprar una en el polirrubro a media cuadra de casa. Nada. Ferretería metros más allá, cerrada por liquidación. Crucé el puente, suponiendo que tal vez en un barrio pudiera haber una abierta. Pregunté a varios vecinos, seguí caminando y, al cabo de varias que tampoco atendían, en Jean Jaurés di con una abierta... pero que no vendía esas tuercas. Muy amable y comprensivo ante mi ignorancia, el dueño me dijo que viene el flexible entero. Salí del lugar frustrado, caminé en busca de otra y se me hizo la luz: no puedo volver con las manos vacías. Desandé dos cuadras, compré el flexible y regresé contento. 
Ya no estaba la madre en el departamento, solo la mujer que me interesaba y su hijo, más el padre que guiaba mi acción mediante videollamada.
Así supe, y se lo dije a ella, de la existencia de la cinta de teflón y su aplicación. Entre tanto, le pregunté si a ella le gustaba hacer reparaciones porque tenía unas cuantas herramientas y la respuesta fue que eran herencia paterna, no vocacional. Le comenté que lo mío con las manos pasaba por escribir, no por reparar, y tuvo el buen gusto de callar lo que acaso haya pensado: "Me di cuenta cuando rompiste la tuerca".
El hijo abrió la llave de paso, algo goteaba, ajusté un poco más y quedó mejor.
Me negué a cobrarle el flexible y, ante su insistencia, le dije que había costado dos mangos y que, además, muchas veces recibí ayuda desinteresada de gente que ni me conocía.

El lunes toqué su puerta para preguntar cómo había quedado el arreglo, lo cual me importaba un comino. Me invitó a pasar -claro que con la puerta apenas entreabierta- y al ver  que estaba con su hijo opté por decir que no, que estaba bien así. Supe que su padre la había visitado el domingo y ajustado lo necesario para que el mínimo goteo cesara.

El miércoles fui a dejarle una nota que le escribí y en la que, básicamente, le agradecía el peculiar sábado a la tarde que a su instancia había pasado, desde el desafío de encontrar una ferretería abierta a procurar que me saliera bien una tarea manual. Agregué que el lunes hubiera querido entrar a charlar un ratito y que había optado por no acceder ya que sentí que tal vez molestara pues ella estaba con su hijo. Le hice saber que si bien por mi trabajo estoy en contacto con gente, a veces me gustaría hablar en clave no laboral, motivo por el cual la invité a golpear mi puerta o mandarme un wsp.
La nota estaba tipeada por computadora y empezaba diciendo "Hola Violeta!". Cuando fui a entregarla, estaba solo la madre, a quien le pregunté por Violeta. "Rosa es mi hija", me corrigió amablemente. Vaya a saber por qué el sábado me pareció oír "Violeta". Preguntó si quería darle un mensaje y le contesté que pasaría después de trotar un poco, lo cual hice al ritmo de mi ánimo, uno de mis mejores tiempos.
Volví, transcribí la nota y bajé. Esta vez me hizo pasar, le pregunté cuánto hacía que no recibía una carta, charlamos tres minutos en los que me contó que salía de una gripe, que llevaba una semana sin fumar, lo cual hace cuando está ansiosa, que quiere cuidar su salud y por eso había empezado a ir a pilates. Me escuchó contarle de los beneficios de salir a trotar y que tomé este hábito tras sentirme realmente mal a comienzos de 2013.
Le pregunté cuándo iba al gimnasio, oí decir "ahora" y, si bien no añadió "así que tomátelas", explicité que entonces no quería molestar y salí.

Viernes a la tardecita. Golpes a la puerta de casa. Me levanté de la silla con una alegría enorme... disipada al abrir y encontrar a mi vecina de piso, la de la edad de mi madre. Quería ver si podía ayudarla a reconectar la TV por cable. Era una cuestión de pilas del control remoto. Fue lindo hablar con ella, aunque supo a helado de limón a falta del de chocolate.

Sábado a la mañana. Bajo y me topo con Rosa. Saludo va, saludo viene y ni palabra de la carta.
A la tarde, seguro de su presencia por ruido de sillas que se corren y de escobillón contra la pared, bajé. Se oía música también. Llamé a la puerta. Nada.
El domingo me cansé de oír que estaba en la casa, pero no escuché ningún golpe a mi puerta. Costó dormir.


4/4/26

¿También te pasó?

Golpes a la puerta. Es ella. El mensaje por celular queda inconcluso. Cuatro pasos, mano al picaporte y frase lista. 

No es ella. Es el reparto de las expensas.

1/4/26

Italia: ruinas sin belleza


Italia ha vuelto a protagonizar el juego de las lágrimas. Marginada por tercera vez consecutiva de un Mundial de fútbol, la selección azzurra tiene motivos para quejarse por el injusto reparto de bienes: fue al repechaje tras ganar 6 partidos y perder 2 (logró el 75 por ciento de los puntos), mientras en Sudamérica clasificaron directo Brasil, Colombia y Paraguay, que obtuvieron 28 puntos sobre 54 (51,8 por ciento del total). Y al mismo repechaje que Italia accedió Bolivia, que solamente logró 37% de las unidades en disputa, fruto de 6 victorias, 2 empates y 10 caídas.
Alguien puede plantear que resulta más difícil mantener el alto rendimiento en 18 partidos que en 8, y que eso amerita más plazas. Sin embargo, luce demasiado dispar el reparto: Italia fue segunda en su grupo, ganó 3 de cada 4 puntos que jugó, y quedó condenada al repechaje, para las delicias de quienes sostienen que el segundo es el primero de los perdedores. Mientras tanto, en Sudamérica clasificaron directo al Mundial seis de las diez selecciones.
Italia venció a Moldavia, Estonia e Israel, pero perdió los dos encuentros que jugó frente a Noruega, el único rival de fuste. Como decía el gran Alfredo Di Stefano, el do de pecho no es para cualquier tenor.
Si Italia se recuesta en la pena por la forma en que se asignan las plazas mundialistas, llenará de lágrimas la fuente de Trevi o el coliseo sin resolver su problema de fondo. Si opta por una revolución, entonces podrá volver a la competencia ecuménica y tratar de ganarla por quinta vez. El fútbol de clubes le había dado señales: únicamente dos equipos italianos (Milan en la edición 2006/7 e Inter en la 2009/10) consiguieron la Liga de campeones de Europa desde 2006.

(Fuente de datos: ESPN.com.ar)