Enterrar la crueldad
¿Qué harías si encontraras a quien te torturó? ¿Cómo actuarías si no estuvieras plenamente seguro de que es él? ¿Y si tuvieras la convicción de que sí es? Estas y muchas otras preguntas se despliegan en "Fue solo un accidente", del iraní Jafar Panahi.
La película no ahorra crudeza ni contracaras. La misma persona que quiere matar al que cree que ha sido su victimario se apiada de la mujer que, supone, es su esposa. Una compañera de padecimientos, que le propone olvidar todo, luego asume que las atrocidades del ayer valen el desquite del hoy.
Una pareja a punto de casarse deja la sesión de fotos ni bien escucha que el que estiman responsable de sus tormentos está a su merced. No es para menos: hay dolores que superan contextos festivos.
Un hombre que pasó tres años encerrado y atormentado quiere vengarse sin el menor miramiento, aunque la fotógrafa que sufrió a su par trate de convencerlo de que el verdugo es apenas un brazo ejecutor y matarlo no elimina al sistema. La réplica es que sin la mano de obra sumisa no hay regímenes feroces.
Entre tanta pena y justicia a palazos, "Fue solo un accidente" regala notas reideras, como la de los policías coimeros que, posnet en mano, ofrecen alternativas a quienes intentan no pagar aduciendo falta de billetes.