28/7/10

Marche preso directamente

En una cárcel nigeriana de Enugu hay internos que cometieron delitos y otros cuyos delitos consisten en padecer alguna enfermedad mental o en decir lo que a quienes mandan no les cae bien. Para pensar cómo es el lugar basta decir que está construido desde un criterio equivalente.

A partir de la nota de la BBC, Pilar Jerabek, estudiante de 4º año del colegio San Ignacio, produjo este texto durante una clase de Sociología:

E
l control social formal está incorrectamente aplicado. Es importante considerar que el poder que debería proteger a los ciudadanos mediante el castigo a quienes han quebrantado la ley hacen exactamente lo contrario; están siendo injustos al encarcelar a gente que no cometió delitos sólo porque sufren una enfermedad mental.
Cabe mencionar que el tema está muy relacionado con los conceptos de legalidad y legitimidad. Para analizarlos hay que distinguirlos. La legalidad refiere a lo que está conforme a la ley, mientras que la legitimidad contempla lo que respeta los derechos humanos. Por ello se puede decir que el sistema de prisión de Enugu es legal en tanto es aprobado por el gobierno y la ley, pero es ilegítimo pues la pobre gente enferma no merece ir a la cárcel sin tener la menor chance de mejorar su condición.
Además se puede considerar el contexto en el cual se aplica el sistema. Hace largo tiempo no se conocía demasiadas medicinas ni enfermedades mentales, pero hoy existen muchos métodos que nos ayudan a reconocerlas y tratamientos que realmente pueden mejorar su condición. Por eso es importante construir una sociedad mejor, sin egoísmo, para tratar de ayudar a quienes nada hicieron para ser castigados ni son culpables de tener una enfermedad mental.
También deberíamos reflexionar un poco más sobre las consecuencias severas de este sistema sobre los enfermos y la comunidad toda. Primero se puede decir que la prisión puede agravar enormemente la condición de la gente. Quizás algunos podrían sentirse bajo presión o tan mal que cometan suicidio o matar a sus compañeros o a quienes están a cargo de la cárcel. No es un muy buen ejemplo a seguir. Por otra parte, como al aplicar este tipo de sistema podría decrecer notablemente la densidad de población, existirían consecuencias económicas. Con ello, la sociedad sería incapaz de progresar porque no desarrollaría tecnología, infraestructura ni remedios para los enfermos mentales.
En este caso es muy importante el rol de las organizaciones no gubernamentales para luchar por los derechos de la gente y de este modo ayudar a cambiar la sociedad y el gobierno.
Asimismo se puede hacer una referencia a las chances de vida de esta pobre gente que es encarcelada por sufrir una enfermedad mental. De por sí, sus posibilidades están muy reducidas y mucho más si van a prisión; se agrava la enfermedad y decrecen sus chances. Más aun disminuyen, por ejemplo a la hora de pedir un trabajo, ya que queda constancia en sus registros personales de haber estado en la cárcel.
Finalmente vale señalar que lo antedicho se relaciona con un concepto gigantesco e importante: cultura. Aunque para nosotros es muy cruel este sistema carcelario, cuesta decir que está mal pues para nuestra cultura lo es, pero no necesariamente para otra. Por ejemplo, la población de Nigeria podría pensar que estamos locos por dejar libres o en hospitales psiquiátricos a quienes son enfermos mentales, tratándolos como niños o muy cuidadosamente.