9/6/21

Florece, jardín vital

Belleza, bondad y verdad constituyen un triángulo que más de una institución  procura trazar en su vida cotidiana.
Susana Carbonari, estudiante del Programa Educativo de Adultos Mayores, escribe al respecto:
-Un amanecer esplendoroso, ¡eso sí que es belleza! O embriagarse con un atardecer.
Hay otras cosas que son bellas, por ejemplo la mamá que le da el pecho al bebé, un acto sublime, una ternura inusitada. Cuando los padres escuchan por primera vez que sus hijos les dicen "mamá, papá" es lo máximo, un momento muy preciado. También el tener a la madre grande y que te diga "cuidate, no salgas porque hay mucho peligro" genera una ternura sin igual. Es de una belleza incomparable. O cuando el nieto dice "abu" o "abelo".
También son diversas las formas de bondad, entre ellas hacerle el bien con una palabra de aliento a una amiga, a un amigo que lo necesita. Se nota en el niño que tiene pocas bolitas y se las regala al amigo que las quiere, pero no las puede comprar. En una chica que tiene un sandwich y se dispone a comerlo entre una clase y otra, hasta que se desprende de ese sandwich al ver a un nene que la mira. Es una bondad que no tiene precio.
La verdad es necesaria siempre. Tenemos que decirles la verdad a nuestros hijos porque si no nos lo van a reprochar, también a nuestros padres, a nuestros amigos. La verdad siempre va a triunfar aunque duela, lastime, genere llagas por dentro o por fuera. Es necesario que se sepa la verdad.