Bachrach, la sinceridad y el saber
¿Existe la inocencia por ignorancia política?, se preguntaba Adrián Ramírez, con algo de amargura al ver y oír a varios compañeros de trabajo que sabían más de los últimos lanzamientos de naves al espacio que de los padecimientos económicos de sus vecinos. Sentía que habían optado por un saber banal y por un desconocimiento lesivo. Pensaba que uno tiene el permiso de declararse ignorante en asuntos triviales, pero no en política, ya que elegir mal en este caso suele ser dramático, trágico o muchísimo peor.
Por cierto, es más agradable adentrarse en materias como velocidad, distancia, temperatura, acciones posibles e inviables en zonas ingrávidas que en llagas sociales, especialmente si esto conlleva la posibilidad de asumir que uno está equivocado. Este lunes 11 de mayo, Estanislao Bachrach, científico, dijo varias veces "no sé" durante un diálogo en vivo en Radio Olga. Reivindicó el derecho a afirmar que uno no está al tanto de un tema. Este tipo de réplicas dista de ser el sueño de un entrevistador, pero es luminoso en una sociedad donde cualquiera cree, por ejemplo, que sabe votar y, por ende, no se capacita en el tema. Después, todo será cuestión de negar las llagas sociales o de adjudicarlas a otros, nunca a quien uno ha elegido en las urnas.
Uno supone que Bachrach no díría "de política no sé ni quiero saber" o "de política no tengo nada que aprender". Tales actitudes están reñidas con el pensamiento científico, son inimaginables en quien, para alcanzar un doctorado en biología molecular, debe haber admitido infinidad de veces cuán vasto era lo que desconocía.