La vida está llena de sustantivos abstractos cuya concreción es clave. Amistad es uno. Como cualquier concepto escolar –está incluido en el programa de Sociología en varios colegios- requiere del aprendizaje de su definición y de la capacidad de reconocerlo como pieza clave de la socialización secundaria.
Vaya si es importante destinar tiempo en clase a este tema. Así como los medios de comunicación forman agenda y establecen conversaciones entre la gente, la escuela puede dejar temas en los diálogos de los alumnos. Al hacerlo, ayuda a que se miren, reflexionen y brinden un ejemplo de teoría puesta en práctica para enriquecer la vida en amistad.
La educación, otra de las unidades de la asignatura, ofrece alternativas respecto de conceptos de esta naturaleza. La película “Perfume de mujer” muestra a una institución que en el nombre de un código de honor estimulaba a los estudiantes a acusar a sus compañeros. Es posible imaginar a sus autoridades enfocadas en la precisión para definir “amistad” sin que les importara un comino si los cursantes eran amigos.
A muchos treintañeros y mayores nos resulta familiar la consigna “les doy un ejercicio, el que lo termina primero se va”. Es cierto que salir antes era flor de motivación. Tan cierto como que premios así sembraban el “salvate vos, los demás que se embromen”. Por ponerles rótulo sociológico, el premio (reverso de las sanciones en el control social) resultaba apetecible pero la socialización (el aprendizaje a través de la vida) era mala.
Palabras para referir a acciones. Y acciones que merecen palabras: dos amigas estaban distanciadas. Su grandeza –valores, en términos de Etica- las condujo a restablecer el vínculo. Al margen de su excelente rendimiento en Lengua Castellana, lo que las guió al abrazo fue su don de gente, que les permite enseñar concretamente tan hermosa lección relativa a un sustantivo abstracto.