Y... nada
La expresión tiene quien la honre. Aunque resulta cierto que a las 6 de
la mañana es preferible escuchar noticias agradables que pálidas, ello
no habilita a hacer del habla radiofónica un acto prescindible.
"El
Club del Moro" derrapa en el nombre de la buena onda. Esta mañana,
Santiago del Moro avisó que hoy es el día del catequista. Los
comentarios suyos y de sus compañeros fueron cercanos a "los hay
aburridos y pilas" (variedad esperable en cualquier ocupación, por
cierto). Nada, pero nada, relativo al rol que un catequista puede
desempeñar en la socialización de niños, adolescentes y mayores, sea
para adoctrinar sin más o para enseñar, es decir, proponer ideas y
valores al tiempo que se brinda espacio para el pensamiento.
A la media hora de "El club del Moro" (de 6 a 10, por La100) las
palabras se agolpaban y la música seguía ausente. ¿Dónde está el
espíritu de FM? ¿Lo habrán mandado al rincón los deseos de escucharse a
sí mismos de quienes hablan sin decir?
Al rato, Lizi Tagliani
intentó cantar, para delicia de quienes se critican por cómo suenan bajo
la ducha, y repitió al menos seis veces que algo le rompe la cabeza.
Tal vez pensó en varios oyentes que aún creen que la frecuencia
modulada puede ser una compañía y a la vez una fuente de reflexión, sin
que esto conlleve dar malas noticias.
Algo habrá que revisar si un programa de radio destina su hora inicial a
clausurar el silencio a toda costa. Pagan la música, la reflexión, las
curiosidades, por no hablar de la construcción de ciudadanía.
Con el
pretexto de alegrar a la gente se construyen diálogos que no se
distancian de los que cualquiera puede tener en un recreo laboral. Como
si el esmero en la forma no fuese una fuente de placer para un oyente.
Y... nada. Una expresión que se hace estilo en muchos programas de radio.