21/8/19

Y... nada
La expresión tiene quien la honre. Aunque resulta cierto que a las 6 de la mañana es preferible escuchar noticias agradables que pálidas, ello no habilita a hacer del habla radiofónica un acto prescindible.
"El Club del Moro" derrapa en el nombre de la buena onda. Esta mañana, Santiago del Moro avisó que hoy es el día del catequista. Los comentarios suyos y de sus compañeros fueron cercanos a "los hay aburridos y pilas" (variedad esperable en cualquier ocupación, por cierto). Nada, pero nada, relativo al rol que un catequista puede desempeñar en la socialización de niños, adolescentes y mayores, sea para adoctrinar sin más o para enseñar, es decir, proponer ideas y valores al tiempo que se brinda espacio para el pensamiento.
A la media hora de "El club del Moro" (de 6 a 10, por La100) las palabras se agolpaban y la música seguía ausente. ¿Dónde está el espíritu de FM? ¿Lo habrán mandado al rincón los deseos de escucharse a sí mismos de quienes hablan sin decir?
Al rato, Lizi Tagliani intentó cantar, para delicia de quienes se critican por cómo suenan bajo la ducha, y repitió al menos seis veces que algo le rompe la cabeza.
Tal vez pensó en varios oyentes que aún creen que la frecuencia modulada puede ser una compañía y a la vez una fuente de reflexión, sin que esto conlleve dar malas noticias.
Algo habrá que revisar si un programa de radio destina su hora inicial a clausurar el silencio a toda costa. Pagan la música, la reflexión, las curiosidades, por no hablar de la construcción de ciudadanía.
Con el pretexto de alegrar a la gente se construyen diálogos que no se distancian de los que cualquiera puede tener en un recreo laboral. Como si el esmero en la forma no fuese una fuente de placer para un oyente.
Y... nada. Una expresión que se hace estilo en muchos programas de radio.