Me echaron pero fue de común acuerdo (andá...)
"Fue una decisión tomada casi en conjunto", dijo Diego Milito, presidente del club, para anunciar la rescisión de contrato del entrenador de Racing, Gustavo Costas.
La frase de Milito es tan fácil de creer como la de un jefe de estado poderoso que anuncie el fin de las guerras en el mundo.
Luego, Milito se contrarió ya que -según dijo- alguien filtró la salida de Costas pese a que él y el técnico despedido habían acordado comunicarla juntos. Si fue así -resulta poco frecuente que alguien que echa y quien es destituido construyan esta determinación "casi en conjunto"- Milito se podría fastidiar porque el director técnico faltó al compromiso de silencio.
Ahora bien, ¿hasta qué punto es legítimo pretender que Costas aguarde callado y, además, el día después aparezca ante las cámaras junto a quien establece que ya no dirija al amor futbolístico de su vida?
Si en una pareja alguien dice: "Basta para mí, que te vaya bien", ¿tiene derecho a pedirle a quien es dejado que no hable o que diga que la separación fue "casi de mutuo acuerdo"?
Milito, Milito...
Que Costas cometió errores es evidente. Se empecinó en que Racing contratara a Marcos Rojo, que siguió el bajo rendimiento de su último año y medio en Boca. Pero de ahí a desplazarlo y no asumir el costo de hacerlo hay una distancia grande.