4/5/15

Sentidos bibliotecarios
Desde la catedral del saber, Julieta miraba por los vitrales y notaba una mañana soleada. No necesitaba que le contaran lo frío que estaba: aún llevaba puesta la campera sobre el pulóver. Un capuchino la ayudó a seguir despierta y también le dio algo de calor.
La mandolina y el laúd sonaban como era costumbre cuando Jacobo musicalizaba la biblioteca.
Seis, siete mesas más allá, un hombre con gorro de lana y gamulán dormía, la cabeza apoyada sobre su brazo derecho.
Adrián, de los empleados más viejos, circulaba con el carrito acomodando las nuevas publicaciones. Una tenía un informe relativo a cuánto influyen el barrio y la ciudad de residencia sobre los ingresos de los jóvenes. El autor planteaba que la democracia se borronea cuando el acceso a las oportunidades es desparejo.
Eran las 9 y el paisaje lo ilustraba un día más: la biblioteca significaba lugar de paseo para turistas, de estudio para universitarios y de alojamiento para desamparados.