Por Anabella Romanelli, Programa Educativo de Adultos Mayores
La superación es una brisa de aire cálido que envuelve al adulto mayor sin pensar en la tercera edad sino en la vida… aún en la cercanía de “la vida más allá de la vida”.
La superación emancipada del adulto mayor es una prolongación de la edad madura, es sentirse eternamente bien.
Es sin querer… ganas de hacer, no para decir “yo puedo”, sino “yo quiero”, “yo estoy”, “yo soy”.
Es caminar hacia un canto, hacia la historia, hacia el pasado-presente a pesar del frío, del calor, la lluvia, los dolores; obstáculos que desaparecen de la mano de un ángel hacia el olvido: “No hace frío, no llueve, no me duele. Voy”.
Es el dulce cansancio de un día agitado, de un día de nervios, de un día feliz por haber hecho lo bueno, lo solidario, lo sabio… al dar y recibir paz. Un momento, una oración.
La superación libre del adulto mayor a la tercera edad es la voz y el reflejo de Madre Teresa de Calcuta, Ghandi, Juan Pablo II, Nelson Mandela, Nelly Omar o simplemente compañeros como Alberto y Zulema, que en el PEAM dejan sus experiencias a pesar de la diálisis o el dolor de rodillas o alguna otra nana.
Es subir una escalera dejando en cada paso un trabajo, un mensaje, una alegría, el orgullo, un pensamiento, un cariño compartido.
La libertad y superación del adulto mayor es enfrentar las contradicciones, es mantenerse firme ante un “Ya sos grande…”, “Hay un tiempo para estudiar…”. Pero también está la satisfacción ante el admirador, el que felicita o el que agradece al adulto mayor por el ejemplo, el canto, la oración que es liberación del alma y del cuerpo, del espíritu… de las ganas de vivir.