Impuestazo a la libertad
Chen Wei no dice nada para la mayoría en estas tierras. Curiosamente, fue condenado por decir demasiado.
Ocurre así con los nombres chinos. Y es lo que les pasa a los que intentan expresarse en los regímenes totalitarios.
La cadena inglesa BBC informa que el escritor fue sentenciado a nueve años de prisión por “incitar a la subversión”, tal como se rotuló su lucha por la democracia.
Su afán expresivo le costó su libertad. Una paradoja tan brutal como el régimen del gobierno chino.
“La democracia prevalecerá”, manifestó Chen Wei. Es probable que su lucha resulte vana. Con suerte, engrosará la lista de los que pagaron en vida el altísimo costo de un futuro mejor.
Anteojeras
Los premios Olimpia son entregados por el Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires, que flaco favor le hace al estereotipo del porteño centralista.
En 2011, este cuerpo colegiado -o sea que sus decisiones no son las de uno sino las de varios- consideró que el mejor futbolista del medio local había sido Juan Román Riquelme. El que le metió un gol a Unión de Santa Fe, la rompió contra Estudiantes, organizó ataques en el 1-0 a San Martín de San Juan. El que, según declaraciones de sus compañeros, fue un líder positivo tras el retiro de Martín Palermo. La figura de anchas espaldas que absorbió presión cuando el vicepresidente Juan Carlos Crespi sugirió, cumplida la primera fecha del certamen, que cabía pensar en un plan B para el entrenador Julio Falcioni, luego conductor del campeón invicto.
Méritos como para el agradecimiento que a Riquelme le tributaron los hinchas de Boca. De ninguna manera, suficientes para ser elegido el mejor futbolista de los campeonatos argentinos 2011.
Franco Damián Vázquez, transferido al Palermo de Italia sin pasar por equipos de Buenos Aires, fue el estratega de Belgrano y algo más. Con piernas como para pisar el área, le metió un golazo a la firme defensa de Vélez, hizo el del 1-0 sobre Arsenal en su último partido en el club y fue el salto de calidad de los cordobeses en el ascenso a Primera.
Pensar que el Olimpia no fue para Vázquez porque Belgrano subió a costa del primer descenso de River sería un prejuicio antiporteño. Al cabo, no hubo Olimpia para Diego Villar, ese barbado mediocampista derecho de Godoy Cruz ubicuo, solidario para recobrar el balón, astuto para pasarlo y principal asistidor de Rubén Ramírez, goleador del torneo que concluyó apenas días antes de la entrega de los premios.
Tampoco lo ganó Juan Manuel Martínez, el delantero por cuya labor Vélez tendría que haber goleado a Peñarol en aquel 2-1 que no alcanzó para avanzar a la final de la Libertadores 2011. El mismo que hizo evocar a Maradona por su capacidad de eludir defensores pegados a la línea de fondo y, lejos de irse con pelota y todo, mandar centros de gol.
No se trata de centralismo geográfico. El error es tener ojos únicamente para grandes figuras mediáticas.