8/12/11


Patriotismo nunca más

Mi marido es un patriota”. ¿Quién lo dijo? En un ejercicio de opción múltiple, casi nadie atinaría con Sonia de Cavallo, la esposa del exministro de Economía de la Argentina. En la entrevista televisiva que dio cabida a estas palabras tal vez se tendría que haber definido en qué consistía el patriotismo. Ya en tierras de la metodología de la investigación, se podría haber tomado la frase como un indicador de que el amor es ciego.
Si la patria es un corralito, entonces Domingo Cavallo les gana por un campo a San Martín, Belgrano, el tambor de Tacuarí y el sargento Cabral juntos.
Si el patriotismo se ejerce desde la pérdida de derechos económicos, el hombre que hablaba inglés cual alumno de segundo año secundario llenó a los ciudadanos de deberes bajo el lema “la letra con sangre entra”.
Debe haber sido difícil para los periodistas que recogieron la declaración de Sonia de Cavallo elegir el verbo correcto para atribuirle la cita. Al fin de cuentas, el corralito le impidió a la ciudadanía retirar de los bancos su propio dinero. Que esto haya sido originado por un hombre del liberalismo es una de las paradojas más brutales de la historia económica nacional. La violencia se equipara a la de un marido que le dice a su mujer “yo gano 6 mil por mes, pero a vos te voy a dar diez pesos diarios. Y gracias”. Semejante abuso de poder grafica la naturaleza de la elección.
Sería injusto olvidar que la medida tuvo lugar en un contexto de bajo consumo y de desocupación durante la presidencia de Fernando De la Rua. El problema para el exministro es que al mirar atrás para hallar culpables encontraba un espejo: hombre de la gestión de Carlos Menem, había sido actor principal de la Convertibilidad, una de ficción económica que les gustó a muchos más argentinos de los que hoy lo admiten. Cavallo no fue el único responsable, sí fue de los centrales tanto en aquel “milagro argentino” del que se habló en la prensa extranjera a inicios de los noventa como en el dolor con el que millones de personas arrancaron el siglo 21.
Con esta perspectiva, ¿cómo sería justo completar la expresión? Alternativas:
“Mi marido es un patriota”, aseveró Sonia de Cavallo.
“Mi marido es un patriota”, deliró.
“Mi marido es un patriota”, afirmó.
“Mi marido es un patriota”, comentó.
“Mi marido es un patriota”, sostuvo.
“Mi marido es un patriota”, se burló.
“Mi marido es un patriota”, ironizó.
“Mi marido es un patriota”, mintió.
“Mi marido es un patriota”, consideró Sonia, tal vez bígama.