26/10/13

Barrabravas con botines
Puede ser la tercera, la undécima, la última; cualquier fecha del torneo es propicia para que algunos futbolistas resuelvan sus conflictos a puñetazos y patadas.
El remanido y estúpido argumento de "las pulsaciones aceleradas" no funciona. Con ese criterio, los corredores de 400 metros, los maratonistas, los empleados de un call center que reciben quejas de usuarios, los colectiveros que cortan boletos, cobran, esquivan bicicletas y motos que cruzan en rojo... todos tendrían que terminar sus actividades a los bollos.
Gracias a que el fútbol es tan importante en la Argentina, los jugadores de primera división obtienen ingresos anuales que superan con creces los de un trabajador medio. Dado el relieve del fútbol en nuestra cultura, los referentes de los clubes son modelos con los cuales crecen millones de niños. Unos hacen, otros tratan de imitar.
Pero ya se sabe que para decenas de futbolistas ser profesional significa vivir holgadamente de un solo empleo, no actuar responsablemente en función del lugar que se ocupa en una sociedad. Por eso, aunque no haya cuerdas, jugadores de Arsenal y Gimnasia en la 13° fecha, de Godoy Cruz y Boca en la 12°, de Lanús y River hace un mes, de Central contra San Lorenzo un poquito más allá, por citar algunos casos recientes, transforman una cancha en un ring. Un deporte lindo en una trifulca. Un juego en una actividad bastardeada.
Los barrabravas no son los únicos culpables de la fealdad del fútbol argentino.