Odisea internacional
"Visita Inesperada" es de esas películas en las que la sorpresa no sale de abajo de la cama ni desde un placard. Los personajes llevan un rumbo que cambia tanto por malditas casualidades cuanto por deshonestidad ajena y sensibilidad propia.
Un docente universitario que está harto de su tarea no tiene otra que viajar a Nueva York a presentar una investigación hecha por una colega. Entra en el departamento donde acostumbra parar y encuentra una bella joven senegalesa en la bañera. La perplejidad aumenta cuando el novio de la chica, un sirio, amaga con pegarle porque lo cree un intruso y quizás un sátiro. Así las cosas cuando un delincuente alquila una propiedad sin el consentimiento del dueño y extranjeros de buena fe pagan: el titular de la vivienda es tomado por extraño en su propia casa y los tres pasan un rato muy feo. No obstante, Walter los aloja, los prejuicios se achican y empieza a forjarse una amistad alimentada por la mutua comprensión.
Todo fluye a través de la felicidad hasta que un incidente menor del que ninguno de ellos es culpable desnuda la condición de Tarek. El siguiente paso es la detención del muchacho en un centro para inmigrantes ilegales.
Música africana, exteriores de Nueva York, imágenes de estaciones de subte, paredones y ruido de puertas que se cierran son algunos de los componentes de "Visita Inesperada". La obra contempla no solo migraciones geográficas, también las que pueden sacudirnos el sedentarismo espiritual, graficado en la imagen del profesor Walter que lo único que modifica en el programa de su materia es la fecha.
No es menos significativo un momento en el que Tarek se queja por lo que juzga una búsqueda de terroristas en el lugar equivocado. O aquel en el cual habla de cuánto se acentuaron los controles migratorios en los Estados Unidos después de las explosiones del 11 de septiembre de 2001. Suele pasar: se complica la vida de millones de personas buenas por grupúsculos de fanáticos asesinos.