19/11/15

Exterior y dignidad propia
Diversas fuentes, entre ellas Adolfo Saldías, coinciden en señalar que “en 1845 la Confederación Argentina, gobernada por Juan Manuel de Rosas, sufrió la alevosa agresión militar de las dos principales potencias de la época: Gran Bretaña y Francia”.
Rosas no era perfecto, de hecho quien haya visto la película “Camila” conoce las crueldades de las que era capaz con tal de mantener intacto su poder. Ser humano, al cabo, tenía no solo defectos, también virtudes tales como “la defensa de la integridad territorial de lo que hoy es nuestro país”. En este marco, su “política pragmática” entendía “deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional”, tal lo señala Felipe Pigna.
Juan Bautista Alberdi, claro enemigo del restaurador, comentaba: “Rosas no es un simple tirano a mis ojos; si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano”.
Hay en la valoración de Alberdi un hermoso punto de contacto con la actitud científica que deseamos para cada uno de los que integramos la escuela: tratar de percibir situaciones sin la ceguera del fanatismo, procurar que nuestras elecciones se ajusten no a nuestros prejuicios sino a las realidades. Ser capaces de reconocer lo bueno que hacen quienes nos parecen malos y viceversa.
Don José de San Martín fue otro que habló de Rosas y su gesta en la batalla. Dijo el general: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.
A esta altura, quizás más de uno se pregunte “¿Y quién ganó en La Vuelta de Obligado?”. Malas noticias para quienes dividen el mundo entre ganadores y perdedores: fue extranjero el triunfo en la batalla. Sin embargo, semejante interés de Rosas y toda nuestra gente por defender el territorio ante una agresión valió que la fecha se transformara en Día de la Soberanía Nacional y en feriado.
Perder es parte de la vida. La dignidad es opcional. Difícilmente nos toquen épocas de guerras. Pero casi a diario se nos presentan a todos los que estamos acá situaciones en las que podemos rendirnos y aplicar nuestra creatividad a inventar excusas o luchar con valentía como los 250 argentinos que dieron su vida en la batalla.
Rosas no era perfecto, pero hoy se lo recuerda por algunos de sus hechos. Nosotros, que tampoco somos perfectos, estamos invitados a tratar de obrar para merecer recuerdos respetuosos.