Diversas fuentes, entre ellas Adolfo Saldías, coinciden
en señalar que “en 1845 la Confederación
Argentina, gobernada por Juan Manuel de Rosas, sufrió la alevosa agresión
militar de las dos principales potencias de la época: Gran Bretaña y Francia”.
Rosas no era perfecto, de
hecho quien haya visto la película “Camila” conoce las crueldades de las que
era capaz con tal de mantener intacto su poder. Ser humano, al cabo, tenía no
solo defectos, también virtudes tales como “la defensa de la integridad
territorial de lo que hoy es nuestro país”. En este marco, su “política pragmática” entendía “deseable que los ingleses
manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de
un solo palmo de territorio nacional”, tal lo señala Felipe Pigna.
Juan
Bautista Alberdi, claro enemigo del restaurador, comentaba: “Rosas no es un simple tirano a mis ojos;
si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la
escarapela de Belgrano”.
Hay en la valoración de Alberdi un hermoso punto de contacto con la
actitud científica que deseamos para cada uno de los que integramos la escuela:
tratar de percibir situaciones sin la ceguera del fanatismo, procurar que
nuestras elecciones se ajusten no a nuestros prejuicios sino a las realidades.
Ser capaces de reconocer lo bueno que hacen quienes nos parecen malos y
viceversa.
Don
José de San Martín fue otro que habló de Rosas y su gesta en la batalla. Dijo
el general: “El sable que me
ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le
será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción
que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor
de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que
trataban de humillarla”.
A esta altura, quizás más de uno se pregunte “¿Y quién
ganó en La Vuelta de Obligado?”. Malas noticias para quienes dividen el mundo
entre ganadores y perdedores: fue extranjero el triunfo en la batalla. Sin
embargo, semejante interés de Rosas y toda nuestra gente por defender el
territorio ante una agresión valió que la fecha se transformara en Día de la
Soberanía Nacional y en feriado.
Perder es parte de la vida. La dignidad es opcional.
Difícilmente nos toquen épocas de guerras. Pero casi a diario se nos presentan a
todos los que estamos acá situaciones en las que podemos rendirnos y aplicar
nuestra creatividad a inventar excusas o luchar con valentía como los 250
argentinos que dieron su vida en la batalla.
Rosas no era perfecto, pero hoy se lo recuerda por
algunos de sus hechos. Nosotros, que tampoco somos perfectos, estamos invitados
a tratar de obrar para merecer recuerdos respetuosos.