16/11/15

Mínimo tributo a Jaim Etcheverry

Si la educación hiciera juicios...
Julieta García resolvió empezar el profesorado en Inglés después de escuchar una conferencia de la señora de Colomer. Otra de las motivaciones para su elección de carrera fue la lectura de "La tragedia educativa". Decía que este libro de Guillermo Jaim Etcheverry era a la docencia lo que The Beatles a la música.
A las citas se remitía: "Como afirma Larry Cuban, la esencia de la enseñanza es la presencia de un adulto con conocimientos y comprometido, que establece una relación con uno o más estudiantes para ayudarlos a aprender lo que ese maestro, la comunidad y los padres consideran que es importante".
Tragaba frustración cotejando la frase con la realidad: una sociedad muchos de cuyos miembros, padres incluidos, considera importante zafar y tercerizar en la escuela la educación de los niños y adolescentes. En este marco, proponer esfuerzo equivale a pedirle a alguien estar de pie cuando nada le cuesta recostarse en un sofá.
Le dolía lo que veía. Si un alumno no aprobaba un examen de historia argentina del siglo 19, el recuperatorio consistía en preguntarle si San Martín era: argentino, filipino, canadiense o japonés. Lejos de lo que, pese a ser una verdad obvia, se pisoteaba cual mentira infame: "Los niños son lo que se hace de ellos, lo que logran construir en función de las dificultades con que se enfrentan y de las obligaciones que se les imponen. Cuando desaparecen las dificultades y las obligaciones, se genera incertidumbre y se estimula la violencia".
"Parecería no advertirse que, para afrontar el mundo real, escenario de luchas y tropiezos, hay que enseñar a los hijos que no todo les resultará posible"
, era otro de los diagnósticos de Jaim Etcheverry que despertaba la admiración de Julieta. No solo admiración, también tristeza cuando recibía a menudo la sugerencia de "aprobar, aprobar y aprobar". Sentía que el destino de ese paradigma era muy parecido al de un país al que llegó a dominar un hombre que prometía "producir, producir y producir".
Tal vez sea por eso que Julieta esté prestando "La tragedia educativa" tan seguido, lo que antes hacía con los libros de los que deseaba despojarse.