Vuela, lectora
Lidia Olmedo, entusiasta lectora, invita a recordar la producción de un escritor que da nombre a una calle de Banda Norte: Roberto Payro.
-La popularidad no le llegó del club o del comité político en los cuales se fabricaban o destruían reputaciones, sino de una obra silenciosa y modesta, meritoria por sus retratos y sus anécdotas.
Las pequeñas ciudades del interior pobladas de aventureros ferales influyeron en la novela de Roberto Payró. Sintió los reclamos de la tradición pero no desoyó la voz de las costumbres. Entre otras, sus tres obras más representativas por la calidad literaria, Pago chico (1908), El casamiento de Laucha (1906) y Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910) lo presentan como escritor admirable.
El pueblito de Mercedes enseña a Payró el arte de observar las cosas sencillas y descubrir un mundo animado por la credulidad y la emoción de las gentes. Allí, el escritor obtuvo un material lleno de colores localistas.
Después de la revolución de 1890 ingresó en la redacción de La Nación, en cuyas páginas aparecieron sus mejores cuentos. Siempre desplegó una lucha serena, casi ignorancia, de ideales permanentes. Ni la política ni los salones elegantes pudieron desviarlo de su profesión que practicó con honradez.