Beto Casella, uno de los tantos que ha vivido a costa de los demás en la televisión -su programa de veinte años, Bendita TV, se construía de fragmentos ajenos-, se burló de Valentín Fresno. No debería sorprender toda vez que es común que quien come de obras ajenas desprecie a hacedores, sobre todo si son talentosos como Fresno, bailarín del Teatro Colón.
Cuando arreciaron las críticas, Casella se escudó en que sus ironías en Rock and Pop y las de su compañero de radio Joe Fernández eran una broma.
Qué pena: un adulto mayor no se da cuenta de que con algunas cuestiones no se juega. No es broma reírse de la presunta orientación sexual de alguien o decir con sorna "me imagino" cuando el bailarín de 21 años califica como dura su rutina diaria en pos de la excelencia. Es triste, y de algún modo análogo a todos los vociferan que un docente que da dos horas de clase no trabaja en el resto de la jornada.
Quienes no pueden con su mediocridad suelen enmascarar como chiste su envidia a los virtuosos y de humorada su desprecio al esfuerzo de quienes realizan lo que ellos no logran.
Casella se parece a la avutarda que, en la fábula de Iriarte, roba huevos de aves bellas y los cría como propios. Con él, la sociedad se empantana. Con Valentín Fresno y su arte, se eleva.