4/2/26

 Miami, ciudad especial (2)


De Nicaragua, Guatemala, Francia, España, Colombia, Inglaterra, Cuba, mil localidades de Argentina, etc. Miami es una ciudad en la que se oye hablar tanto en inglés como en español y, en esta lengua, abundan los compatriotas que rápidamente identifican a argentinos. Luce insuficiente el nombre de Estados Unidos de Norteamérica: cruzan sus calles y andan por sus veredas personas de todo el continente. También lo hacen robots, de forma similar a una conservadora con ruedas, que reparten mercadería. Esquivan peatones, se detienen si algo se les pone delante -como los pingüinos- y respetan los semáforos. Hay turistas que los ven por primera vez y les sacan fotos; otros se nota que ya los conocen y pasan a su par sin sorprenderse. Tecnología y calor humano.

El calor quema en la discusión entre alguien que tal vez sea de quienes viven en una plaza de la zona céntrica, lejos de la playa, y un muchacho que espera el colectivo, en cuyo soporte delantero colocará su bicicleta. La plaza está frente a la biblioteca, delante de la cual decenas de personas sin hogar esperan que se hagan las 9.30 para entrar. Algunos pasan con sus carritos de supermercado en los que ponen mochila y ropas, entran en los baños y se sientan a leer. 

Es invierno y, excepto rarezas meteorológicas, la temperatura ronda los 27 grados, el sol se siente en el cemento y las torres vidriadas de la metrópoli como entre las palmeras cerquita del mar tibio. También, en las calles bajo las autopistas y en los bulevares a cuyos costados las casas de piedra y tejas dan una imagen colonial bonita, aun después del sobresalto que provocan en los asustadizos ver lagartijas aquí y allá.