Tiempos y libre expresión
"¿Tenés complejo de feo?". "¿Alguna vez te dijeron que tenés cara de caballo?". El primer interrogante se lo formuló un periodista de El Gráfico a un relator televisivo en la entrevista de cien preguntas que fue un clásico en los 1990. Una extenista había sido la receptora de la agresión por parte de uno de los integrantes de La Noticia Rebelde en la segunda mitad de los 1980.
Por supuesto, ambos tuvieron la posibilidad de responder y de quejarse pero, como suele ocurrir ante ataques inopinados, acaso se hayan abrumado y por eso optaron por el caso omiso.
La libertad de expresión es un bien de la vida; cualquiera que haya sentido un nudo en la garganta lo sabe. Al margen del problema por palabras que no salen de la boca de alguien radica el mal social de vivir sin la posibilidad de enumerar errores de un gobernante, de denunciar corrupción o de señalar perspectivas.
Sin un clima favorable al ejercicio periodístico, lo que está mal suele empeorar y quien es caprichoso se convierte en tirano.
La década de 2020 no abunda en preguntas como las del comienzo. El precepto de no opinar de los cuerpos ha ganado terreno al tiempo que ha cedido la intolerancia a quienes no son Adonis ni Barbies.
Lo que sigue como siempre es el deseo jamás confesado, aunque sobreentendido por los aportes en propaganda como premio y castigo a periodistas según su obediencia a esta norma: "No nos hagan preguntas incómodas ni se pongan a investigarnos".