17/3/26

Un vendedor de pararrayos sale a venderlos cuando arrecian las tormentas eléctricas. Este personaje de un cuento de Herman Melville ejemplifica el riesgo de esperar el momento ideal para una acción; una cosa es salir a vender paraguas durante una lluvia plácida y otra es intentarlo con pararrayos cuando los truenos ensordecen.
El hombre del pararrayos lucraba con el desconocimiento. Decía aquello que hubiera merecido una temprana desaprobación en un curso básico de electricidad, pero como lo pronunciaba dramáticamente y en un contexto temible muchos le creían, le compraban y lo enriquecían.
Es atronadora su semejanza con algunos dirigentes políticos.