La foto de construcciones de distintos siglos era preciosa. Cada edificio lucía merced al contraste.
Julieta cerró ese domingo contenta porque creía haber encontrado una estrategia potable para el trabajo práctico del viernes.
El lunes, paladeó la naranja, el durazno, la banana y la manzana de la ensalada de frutas y reforzó su sensación de que los ingredientes mantienen el sabor y juntos se potencian. Recordó la calidad del disco "El Palacio de las Flores", cuando Lito Nebbia canalizó la energía creativa de Andrés Calamaro. Escuchó a su padre, quien mencionó las duplas Angel Rojas - Alfredo Rojas, Guillermo Barros Schelotto - Palermo y Mario Zanabria - Ernesto Mastrángelo.
-Samuel y Bermúdez -sumó la madre, hincha de Boca por amor a su familia e inercia contextual.
Volvía el miércoles de la universidad cuando se le chamuscó el trabajo: de bien que escuchaba "El anillo del Capitán Beto" por Fabiana Cantilo apareció una voz que bien valía una multa. Maldijo para sí la emisora de radio trucha y la protesta por la cual el ómnibus se había desviado del recorrido.
Después del cuarto mate y el séptimo tema de una colección de Frank Sinatra, advirtió que no toda mezcla es virtuosa y que no es necesaria una porquería alrededor para identificar una joya.
El jueves, con los mates de la tarde, pensó que no por combinar sabores corresponde echarle nafta a la gaseosa. Revisó el apunte para la clase del viernes y descubrió que la frase "Cada edificio lucía merced al contraste" era una verdad a medias. Sin embargo, releyó la fotocopia de Introducción a la Didáctica y concluyó que para los primeros tres minutos de clase resultaba adecuada.