3/12/10

Tensión entre libertades y riesgos al son de tradiciones

Mafalda solía decir "Paren el mundo, me quiero bajar". Más de una vez se siente esto entre las obligaciones, los servicios de atención al cliente que no siempre dan respuestas útiles y otras derivaciones de la vida en sociedad. También se nota que cuando algunos límites se corren, más que un recreo largo aparece una pesadilla.
Viviana De Feo, estudiante del Programa Educativo de Adultos Mayores, lo escribe así:

Es difícil hablar de emancipación en esta sociedad tan incierta en patrones de la moda, o sea, se muestra lo exterior; diría todo muy frívolo. Por suerte no todo es igual, muchas cosas pasan en todo orden social. Lo importante sería que se reconociera en vida lo hecho. De muerto sólo pasa por recordatorio.
Todo lo que crea dependencia coarta la libertad del ser humano, por lo tanto si dependemos de los adelantos tecnológicos no estamos emancipados. Hemos adelantado en las comunicaciones por Internet, redes sociales, etc. pero se ha creado un pulpo atrapante. Si no estamos insertos en dichas redes no existimos a la gran apertura del mundo. En otras épocas se usaba emancipar al menor para que accediera a algunas libertades.
Se nos fue de las manos. Esto es libertad = emancipación. A pedir, entonces. Cachorros, vuelvan a sus cauces. Sus vidas están en peligro.


Cadena que une épocas
La tradición revela la cultura de los pueblos. A través de ellos se transmite todo lo pasado a nuestros tiempos. Qué difícil es entender lo tradicional no como una imposición. Ejemplo muy claro: "casarse con vestido blanco, que el primer hijo será varón". En esta época en la que vivimos mucho de esto ha cambiado. En tiempos de nuestras abuelas las mujeres debían estar en la casa para todas las necesidades de la familia, ni hablar de que salieran a trabajar. Se convertían en custodios de sus hogares y les enseñaban a los niños a jamás interrumpir conversaciones de grandes, a pedir permiso para todo, a saludar siempre.
Qué tiempos. Hoy es muy difícil, no imposible.
Ya recordando a nuestros inmigrantes italianos, españoles, también se abre el panorama hacia los pueblos árabes. Tenían muy marcadas sus formas de vida. Recuerdo la película "Leila, nacida en Francia" donde por imposición familiar (o tradición) la hija de padres argelinos debía casarse con uno de su pueblo. Ni hablar que fuera francés ¿Cómo entender todo esto? Te mandaban a enamorarte en el lugar que ellos te designaban.
En nuestra familia, las tradiciones árabes están muy marcadas en cuanto a la vida de los ancestros, quienes nos dejaron el legado. Nada debía separar los lazos sanguíneos, todo debía perdonarse; sentir y tratar a los demás como quisiéramos ser tratados nosotros.
También lo tradicional era y son las comidas: kepi, meyi; el aroma del anís a puré de garbanzo contimentados con mucha menta.
Cuántos recuerdos. Veo a mi abuelo mortereando, cantando, su bastón girando por el aire al compás de sus canciones y música. Cómo no recordar tanta tradición llevada en las entrañas y tan amada por nuestras familias.