3/12/10

Marruecos, final

Poco antes de terminar la secundaria en Río de los Sauces, Jose Espinosa escribió este cuento a pedido de quien quería el cruce amargura y dicha, con un toque fantástico.

Aníbal conoció al amor de su vida en un trágico accidente en el que habían chocado un colectivo y un camión. El chofer del camión y el acompañante murieron, al igual que quien conducía el colectivo y las personas que estaban ubicadas en las primeras 15 butacas. Juana salió con un par de heridas leves del accidente y fue entonces cuando Aníbal, que estaba en la calle, corrió a ver cómo se encontraba esa bella muchacha. Al conocerse ambos se enamoraron. Decidieron formalizar su amor casándose donde vivían, una casa de campo con gran cantidad de árboles, pasto verde y una vertiente de agua cristalina y fresca. Era el lugar perfecto para dicho acontecimiento.
Juana eligió como padrino a Fernando, su amigo de la niñez. Aníbal escogió como madrina de bodas a Marcela, la hermana de Juana que le hacía la vida y su matrimonio casi imposible. Su boda fue hermosa y perfecta, como la habían soñado. Se fueron de luna de miel al lugar donde habían matado al padre de Juana por ser distinto a los demás, por tener 5 ojos.
Aníbal le tenía mucho miedo a las motos, pero Juana, por ser su luna de miel, lo convenció para ir a dar un paseo por las playas. Al salir del hotel, en la esquina, un trolebús los embistió. Aníbal jamás despertó de su estado vegetativo.