Trabas a los sueños. Del tema sabía bastante y en algunos casos lo ponía bien. "Pasados los 30 no se puede hacer de cuenta que no existen algunas cosas", estimaba.
Por un lado, su amigo Gabriel lo empujaba a animarse. Pablo también, aunque con la prudencia que hiciera falta. Gabriel había lamentado sus omisiones, su inercia, sus miedos. Pablo se felicitaba en los últimos dos, tres años, por mirar antes de hablar.
Se acordaba de su tío, ocurrente, animador de asados, capaz de mantenerse incólume ante un terremoto... y frente a los problemas de su familia.
"Si eso es valentía, no la quiero ni un poquito. Esa valentía viene con inconciencia en el paquete". Pablo y Gabriel asintieron.
Es facilísimo ser prudente cuando no hay una mujer en el horizonte.