Por Paula Cendoya, Luz Cocco y Aiken Monasterio, estudiantes de tercer año del Colegio San Ignacio
La libertad,
según la define la Real Academia Española, es la facultad natural que tiene o
posee el hombre de actuar de una manera u otra, y de no actuar, por lo que es
responsable de sus actos. Debe ser reconocida por el Estado y su ejercicio está
delimitado por leyes. Estas imponen que la libertad de una persona termina donde
empieza la de la otra persona.
La libertad, al ser una facultad natural debe ser ejercida con
responsabilidad, de no ser así se le otorgará un castigo, que varía
según el contexto (lugar y tiempo).
En
Estados Unidos, por ejemplo, el precio a pagar por violar las normas, puede ser,
ir a la cárcel o en casos extremos en algunos estados está
permitida la pena de muerte. En Irak, en cambio, varía según el sexo de la
persona, el castigo para una mujer será mucho peor que el de un hombre, porque es una sociedad
machista.
En la Argentina los castigos no varían según el sexo,
tanto hombres como mujeres son juzgados
de la misma manera; en un caso extremo, a diferencia de EE.UU, no se aplica la
pena de muerte, pero sí la cadena perpetua. Antes, en otros tiempos, la
sociedad Argentina era injusta con las mujeres, ya que no poseían los mismos
derechos que los hombres. También las familias más prestigiadas, de un buen
nivel económico y de alta clase social, no eran juzgados de la misma manera que
lo eran las personas de clases sociales inferiores y de menor poder
adquisitivo.
Nosotras creemos que hoy en día sigue pasando lo mismo;
por un lado una familia o individuo de
buen nivel económico, puede contratar a
un buen abogado que lo defienda en el tribunal, por lo que tiene más
posibilidades de quedar libre. Por el otro lado, una persona conocida que ejerce
un rol importante dentro del poder ejecutivo, legislativo o judicial, es más
difícil que pierdan un juicio, porque poseen una cierta inmunidad o contactos
sociales esenciales que evitan que
caigan en manos del juzgado o de la justicia.
Para nosotras la libertad como facultad natural de una persona es la misma desde que nacemos hasta que
morimos. La diferencia es que cuando
somos niños no somos conscientes de nuestra libertad ni de la responsabilidad
que implica ser libre, por eso nuestros padres cuando somos chicos son
responsables de nuestros actos. A medida que crecemos vamos tomando conciencia
de nuestras responsabilidades y libertades. Por eso pensamos que éramos aun más
libres cuando fuimos niños, pero no es
que fuimos más libres, éramos inconscientes de lo que
conlleva ser libres.