Que el 8 de marzo alguna vez sea feliz día
Se lee en La Nación que cada treinta horas, en el país, una mujer es víctima de femicidio.
Se lee en La Nación que cada treinta horas, en el país, una mujer es víctima de femicidio.
Antes de esta violencia fatal hay otras que,
como el camaleón, se reinventan para seguir existiendo. Un día pasó a estar
prohibida la publicidad de prostitución en los diarios. De ningún modo, esto
conllevó el fin de la oferta sino su proliferación en Internet. De forma
análoga, los volantes que se reparten en las calles, especialmente, de Buenos
Aires, dejaron de ser explícitos aunque tampoco son velados. “Dulces masajes”
no remite a quiropraxia cuando la ilustración es una voluptuosa mujer en tanga.
“Muñeca rusa” no lleva a pensar en una mamushka, en la medida que dos pechos
desbordan el papelito.
Todos lo pueden ver. Muchos no lo quieren
ver. La trata de personas, satisfecha.
Las imágenes son elocuentes, para mal y,
sorpresa, para bien. La tenacidad digna de mejores causas permite que la
ciudad, a diario, esté repleta de afiches colocados por adultos y adolescentes
que, de seguro por unas monedas, coparticipan de un negocio que mezcla placer
sexual con esclavitud. La novedad valorable es que a las mujeres que se
ensucian las manos para despegar los afichitos se han sumado hombres, como si
paulatinamente se fuera comprendiendo que la lucha por la dignificación de la
mujer es cuestión de todo el género humano.
La contracara es la minimización que propias
mujeres hacen de sí. En las últimas horas, una tal Mariana Diarco apareció en
topless en plena Avenida Nueve de Julio… para participar del Bailando por un
Sueño. Nada de llamar la atención con el fin de evitar derrames de petróleo en
el océano Artico, ni de proponer la comparación entre ese cuerpo y el de los
niños panzones, como estrategia para denunciar la desnutrición infantil. No.
Todo se trataba de un desesperado deseo de fama en un programa que, de la mano
de Marcelo Tinelli, expone a la mujer cual vaca en la feria.
En tanto las noticias de femicidios
constituyan un pasatiempo lector, poco variará. Tampoco habrá transformaciones
si la demanda de prostitución continúa. A lo mejor llegue el tiempo en que se
distinga una muñeca inflable de una mujer y entonces el 8 de marzo sea un feliz
día.