Escenas de supuesta ficción
Se acordó de Jerry Seinfeld. Del capítulo en el que tiró a la basura el cinto, el cepillo de dientes y numerosos objetos por temor a que hubieran estado en contacto con algo sucio. Lo ligó a otro en el que descubrió que de sus ojos salían lágrimas y a uno en el que el personaje principal de la comedia se preguntaba si más allá de su propio mundo existía una comunidad.
Entendió Adrián Ramírez por qué le gustaba este programa de televisión. También pasó por su mente el episodio en el que George se enoja con Jerry al enterarse de que su amigo no se casaría al mismo tiempo que él. Semejante paso se tornaba gigantesco si debía darlo solo, lo que demostraba el escaso sentido que inicialmente le atribuía.
Cada tanto sonreía el muchacho con el glorioso Kramer que a todos decía calmo "Serenity now" (Serenidad ahora) frente a situaciones frustrantes... hasta que un día su ira acumulada lo condujo a gritar la frase y a romper doce computadoras de las que, fiel a sí mismo, no se hizo cargo. Acaso otra habría sido la historia si el vecino de pelos revueltos hubiera sabido lo que otro paciente sostenía: "Serenity now, insanity later" (serenidad ahora, insania después).
Recordó Ramírez al profesor de Matemática de cuarto año industrial que los instaba a valorar el relieve de las partes en el todo. Fue durante la emisión del Seinfeld en el cual George y Elaine, sin su amigo en común, se sienten muy incómodos compartiendo la mesa del bar. De inmediato se hicieron presente las palabras de hace 22 años: "Para que haya triángulo, los dos primeros lados necesitan del tercero". Sintió muy cercana la frase al repasar mediocampos de fútbol que se desvanecieron con la partida de uno de sus integrantes, ni hablar de tríos rockeros que perdieron lo mejor cuando se fue quien según el líder era el triste tercero.
Restringido su consumo de café a causa de la gastritis, evocó el capítulo en el que Kramer convida café hirviendo a un atleta que instantáneamente grita su dolor de garganta y pierde el liderazgo de la maratón.
El monólogo de Seinfeld sobre el efecto de las pulgas en el cuerpo provocó que Newman, a quien le estaba hablando, confesara que él se las había contagiado. Tanto pueden lograr sentencias relativas al ardor frente a quien lo está padeciendo. Parecido a la derivación del sermón que en 1987 dio la maestra de Lengua de sexto grado: a los tres minutos, ruborizado, Andrés admitió que había copiado en el examen.
¡Cuánta cercanía con la vida cotidiana de gente a miles de kilómetros de Estados Unidos! Seinfeld, una comedia a la que sus críticos rotularon como "show de la nada". Quizás hayan sido los que creen que existe una sola forma de grandeza artística o que es de tono menor lo que carece de costosos efectos especiales, ni cuenta historias de reyes, presidentes o empresarios exitosos.