Sonriente justicia
"El
final de un canalla" es una película en la que Kirk Douglas hace de
todo con tal de escapar de una cárcel y en la que el calificativo le
queda muy bien.
Décadas más tarde, un presidente que se debe haber
creído aquello de "el gran capitán" por el Mundial ganado en 1978 echó a
Matías Almeyda, el bombero que apagó con el ascenso el incendio más
grande de la historia de River. Se acercaban los comicios y el
presidente calculó que con Ramón Díaz conseguiría su deseada reelección.
Passarella sabía de qué se trataba eso de fallarle a un hijo dilecto
del club: antes había despedido por teléfono a Leonardo Astrada.
El
viento riojano de Díaz se llevó a David Trezeguet por causas que mejor
no ventilar, empeñó a River en la millonaria compra de Teo Gutiérrez,
sacó del plantel y le volvió a dar entrada a Mora, no produjo un solo
acierto táctico y, cual alumno buchón, hizo un gesto en la Bombonera de
"yo no me fui a la B".
Al cabo, tal para cual. Díaz deja de ser
riverplatense cuando de bancar un descenso se trata y Passarella se
olvida de la lealtad -también de la inteligencia ya que Almeyda no
estaba haciendo una mala campaña como DT- en aras de defender sus
quintitas.
De poco le sirvió a Passarella, que abrumado por la
realidad de las encuestas evitó postularse a la reelección. Similar
suerte está corriendo Díaz.
Quizás les vendría bien en su tiempo libre ver aquella película de Kirk Douglas.