Solo tú
Se fueron todos. Lo que habías pedido. Hasta la luz se fue, de modo que te quedaste sin televisión ni radio.
Es cierto que tu anhelo refería a personas, que no estaba en tus planes permanecer en ese silencio que te inquieta. Pero ya ves -es un decir- que en ocasiones el destino pone una yapa aunque el cliente no la pida. Decí que al menos tenías el agua en el termo y que la luz del celular te permitió seguir cebando sin errarle al mate.
"Quedate tranquilo, Sergio, que cuando es necesario hasta un manco da abrazos", te hubiera dicho Milton.
"Ponete a recordar imágenes de tus buenos ratos y de paisajes que te gustan", hubiera sugerido la madrina Alcira.
El tío Héctor te habría contado el chiste en el que, también al oscuro, un personaje reclama: "¡Organicémonos!".
"Linda ocasión para dormir o para afeitarse", habría empezado el amigo Omar su monólogo de diez minutos en cuyo transcurso te hubiera preguntado dos veces "¿cómo andás?" sin darte tiempo a contestar.
Te entiendo, Sergio. No es lo mismo su legado que una persona, el recuerdo que su voz en vivo, sus guiños que los tuyos para imitarlos. Mirá si te entenderé que ahora me pasa a mí lo mismo que me contaste hace cuatro años.