8/12/20

Arquitectura educativa

Es poco común que alguien disfrute de todas y cada una de las asignaturas de la escuela. Ahora bien, se supone que son todas valiosas; ministerios de aquí y allá coinciden en mantenerlas más allá de refunfuños. Elena Moscone, que dedicó décadas al ejercicio docente, propone esta mirada sobre el tema y otros que lo rodean: 

"Sobre la pertinencia o no de las materias básicas educativas, pienso que el alumno no puede seleccionar solo lo que le gusta aprender ya que la vida requiere de todas las ciencias para comprender y ser práctico a la hora de resolver cuestiones necesarias. Las ciencias duras ayudan al razonamiento y las ciencias sociales, a la comprensión del entorno en el que se vive. Hace ya muchos años que se habla y observa del vaciamiento de contenidos curriculares en pos de atraer al niño en la escuela. En la actualidad se enseña a ser crítico, y me pregunto cómo serlo sin un asidero cierto. ¿O es que la persona que se educa hablará de nada? O sea, estará discutiendo sin una base sólida. 

Según Andreas Schleicher, el autor de las famosas pruebas evaluativas, la Argentina era uno de los más inequitativos en términos educativos. Con la pandemia, esto se acentuó aún más, desgraciadamente. Él se pregunta: '¿Vamos a salir de la ciénaga educativa que nos ubica bien abajo en las mediciones internacionales PISA?'.

En 1018, la gente no sabía muchas cosas, sobre todo acerca del futuro, pero estaban convencidos de que las características básicas de la sociedad humana no cambiarían. Pero si hubiésemos vivido en China, sabríamos que en 1050 la mayoría de la gente seguiría trabajando como agricultores y tejedores, que los gobernantes confiarían en que los humanos dotarán de personal a sus ejércitos y burocracias, y la esperanza de vida era de 40 años, dice Noah Harari.

De modo que en 1018, los padres chinos pobres enseñaban a sus hijos a plantar arroz o a tejer seda, y los más ricos enseñaban a sus hijos a leer a Confucio, caligrafía o a luchar a caballo, y a sus hijas mujeres a ser amas de casa modestas y obedientes. 

En el siglo 21, estamos inundados de una cantidad enorme de información que ni siquiera los censores intentar terminarla; están atareados difundiendo desinformación, distrayéndonos con cosas que realmente no tienen importancia. 

En la actualidad se ha bastardeado la enseñanza de la historia, por ejemplo, discutiendo hechos que ocurrieron siglos antes. Se intenta crear una historia actual que no es sino una visión sesgada de los acontecimientos, sobre todo idealizando a personas que distan mucho de ser próceres, al menos de los que forjaron la patria. 

En definitiva, el niño, el joven, tienen derecho de recibir las herramientas que sirven de piedra basal de sus saberes y, a partir de ahí, ir actualizándolo. Eso sí: sin perder de vista que existe un hombre para la educación y no diferentes educaciones según su origen o status social. Por otra parte, al transformar al docente en un trabajador de la educación, pienso que se le exime de la responsabilidad vocacional siendo un trabajador más de la sociedad y no comprometiéndose con los saberes de los niños".